El que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará
Marcos 8, 34-9, 1
En aquel tiempo, llamando a la gente y a sus discípulos, Jesús les dijo:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles».
Y añadió:
«En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios en toda su potencia».
Comentario
No somos supersticiosos
¿Cuál es la diferencia entre religión y superstición? La superstición, a través de signos sensibles (amuletos, prácticas, palabras…) recurre a poderes ocultos para burlar al sufrimiento y a la muerte: «Si llevo esta pulsera, triunfaré en el amor; si toco madera, ahuyentaré la desgracia; si llevo esta camisa, aprobaré el examen». La religión, sin embargo, es misterio de amor que lleva al hombre a unir su vida a Dios en comunión interior.
Pero, si Dios cuelga de una cruz, la religión se convierte en lo contrario de la superstición. Porque el hombre, para unirse en amor a Él, es capaz de abrazar la muerte y perderlo todo.
Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio, la salvará. Cuando el propio Dios te invita a tomar tu cruz y seguirle, y aceptas la llamada, no debería extrañarte que aparezcan en tu vida la contrariedad, el dolor y el fracaso. No rezamos para ahorrarnos sufrimientos, sino para unirnos a Cristo.
¿Cuál es la diferencia entre el santo y el supersticioso? El supersticioso muere como quien, finalmente, perdió la partida. El santo muere unido a Cristo, y alcanza, en Él, vida eterna.