
CAMINO 883Reconozco mi torpeza. Amor mío, que es tanta..., tanta, que hasta cuando quiero acariciar hago daño. -Suaviza las maneras de mi alma: dame, quiero que me des, dentro de la recia virilidad de la vida de infancia, esa delicadeza y mimo que los niños tienen para tratar con íntima efusión de Amor, a sus padres. |